Cómo dos diseñadores de UX de Apple crearon un estudio de Tufting que atrae a más de miles de personas
Nunca pensé que me gustaría algo así.
Karmin dejó caer el hilo en su mano, masajeándose el hombro rígido, mientras sus ojos se posaban en el diseño retorcido de la pared. Recordó la primera vez que agarró la pistola de mechones. Sentía la mano como si la hubieran clavado, casi como si el lienzo áspero fuera a tragársela por completo.
De "dígitos" a "hilos"
Hace cuatro años, Karmin y Lucy aún se esforzaban en el equipo de diseño de Apple. Trabajaban de reunión en reunión, sumergidas en interminables ciclos de diseño, trabajando en el corazón de la tecnología moderna, pero conscientes de que se encaminaban hacia una profunda vanidad. Hasta ese inesperado suceso de 2021: cuando descubrieron el tufting en un pequeño mercadillo de San Francisco. Ese instante de revelación fue casi fantástico. Compraron un kit básico de tufting, solo para probarlo. No sabían que este simple experimento se convertiría en una experiencia que les cambiaría la vida. "En aquel entonces, nunca imaginé que me obsesionaría tanto con esto", recordó Lucy entre risas y con la voz llena de emoción. "Pero fue como entrar en otro mundo, un mundo con vida propia".
Las tardes y los fines de semana, antes dedicados a reuniones técnicas, ahora estaban dominados por el hilo y el lienzo. Al principio, sus creaciones eran casi irreconocibles: hilos deshilachados, formas retorcidas, patrones confusos. Pero con el tiempo, se obsesionaron con el proceso. Cada puntada y cada hilo les traían nuevos retos y satisfacciones.
Como la mayoría de los técnicos, no pudieron evitar preguntarse: "¿Podría esta forma de arte tener una mayor aceptación?". ¿Podría ayudar a personas como ellos, atrapadas en un mundo estresante, a encontrar un espacio para relajarse y recuperar su paz interior?
“Así que nos arriesgamos: dejamos atrás nuestros trabajos estables y abrimos un taller donde cualquiera, sin importar su origen, podía coger una herramienta y empezar a crear”.

De la «pasión» a la «profesión»
El comienzo fue duro, con fracaso tras fracaso llevándolos al límite. Karmin y Lucy no eran de las que se rinden fácilmente, pero cuando empezaron a recibir estudiantes en su taller, se dieron cuenta de que su pequeño espacio no era el simple "santuario de arte" que habían imaginado.
Aquellos primeros talleres estaban llenos de tensión; no solo el nerviosismo de probar algo nuevo, sino el que surge cuando nada funciona como debería. Los kits de tufting estándar eran ruidosos, pesados y extrañamente agresivos en su presencia. A los principiantes les costaba controlar las máquinas, y algunos estudiantes, especialmente mujeres y niños, tenían dificultades para mantenerlas firmes durante más de unos minutos.
Pero Karmin y Lucy no se rindieron. Pasaron noches rediseñando toda la estructura del curso, simplificando los pasos, y finalmente encontraron un kit de tufting ideal para principiantes: el Clawlab H1.
A diferencia de los voluminosos equipos que usaban antes, el H1 era compacto, suave y sorprendentemente intuitivo. Su motor más silencioso hacía que los talleres parecieran más una conversación compartida que un taladro industrial, y su ligero chasis ofrecía a los estudiantes una mayor sensación de control, especialmente a aquellos que antes se sentían indecisos o intimidados.
"No se trata solo de las herramientas en sí, sino de cómo estas hacen que los estudiantes sientan que realmente pueden hacerlo", se recuerda Lucy a menudo. "Si las herramientas no despiertan la creatividad, son solo grilletes".
Este cambio no resultó milagroso de inmediato. Pero con el tiempo, empezaron a ver pequeños cambios: los estudiantes ya no se sentían desanimados por la complejidad de las herramientas. Lo que más les entusiasmó fue que muchos estudiantes, que al principio tenían dificultades con la creatividad, terminaron creando sus propios diseños en tan solo unas pocas clases.
De “Marca” a “Comunidad”
A medida que sus clases fueron ganando éxito, el taller de Karmin y Lucy se transformó gradualmente de un pequeño estudio a un espacio creativo completo, ofreciendo más que las tradicionales clases y talleres. Empezaron a integrar el tufting en el diseño de estilos de vida y a crear proyectos de arte personalizados, llevando la artesanía a hogares, tiendas y espacios públicos.
A medida que su marca se expandía, se mantuvieron fieles a su propósito original: ayudar a las personas a redescubrir la creatividad a través del arte, liberándose de la monotonía y las presiones de la vida cotidiana. En cierto momento, comenzaron a pensar con mayor amplitud: ¿cómo podía este movimiento trascender el estudio y convertirse en algo vivo en la comunidad?
"El éxito no se trata solo de tener una gran marca", reflexionó Lucy profundamente. "Se trata de ver a personas que han experimentado una transformación personal a través del arte".
En esos momentos, las herramientas jugaron un papel inesperado. Cuando introdujeron Clawlab, una pistola de tufting compacta y fácil de controlar, en talleres y eventos comunitarios, algo cambió. Su ligereza y precisión la hicieron especialmente accesible para principiantes y participantes más jóvenes, personas que podrían haberse sentido intimidadas por máquinas más grandes o técnicas. "Al principio estaba nervioso, pero esto era como dibujar con hilo", compartió un principiante. "Me dio la confianza para probar algo nuevo".
De “Dos” a “Todos”
La trayectoria de Karmin y Lucy continúa. Hasta la fecha, sus talleres han acogido a más de 4500 estudiantes de todas las edades. Su pequeño estudio se ha convertido en un centro creativo multifacético que ofrece clases diarias, proyectos comunitarios, colaboraciones con marcas y presentaciones en eventos nacionales. Sus esfuerzos no han pasado desapercibidos: mantienen con orgullo una calificación de 5 estrellas en Google y han cultivado una base de seguidores fieles de más de 10 000 en Instagram.
En este mundo lleno de estrés y ajetreo, cada hilo, cada puntada, cada pieza de tela creativa transmite un mensaje: a través de la creación, encuentras tu verdadero yo. Y ese es el mayor regalo que Karmin y Lucy han traído al mundo.
“El poder de la creatividad es ilimitado y apenas hemos comenzado”.